Universidades que transforman

Foto: Dirección General de Comunicación Social UNAM

La Universidad Nacional Autónoma de México fue sede de la primera sesión del Seminario Permanente “Violencias, movilidades humanas y trata de personas”, un espacio de reflexión crítica que reunió a académicos, estudiantes y especialistas para abordar los desafíos que enfrenta el país en materia de derechos humanos. El encuentro fue encabezado por Mario Luis Fuentes Alcalá, titular de la Cátedra Extraordinaria Trata de Personas de la UNAM, quien subrayó el papel de las universidades públicas como catalizadoras de la transformación social.

“Estamos convencidos de que México es mucho mejor y en la UNAM tenemos la gran base para construir, enfrentar y ofrecer nuevas respuestas a los problemas”, expresó Fuentes Alcalá ante la comunidad reunida en la Unidad de Investigación Multidisciplinaria II de la FES Acatlán. En su intervención, destacó que la universidad representa la reflexión crítica, el compromiso y la actitud de no aceptar una realidad injusta e insostenible, y que son las y los jóvenes quienes deben asumir el papel de actores del cambio.

El académico alertó sobre la expansión exponencial de las violencias, entre ellas la trata de personas, y afirmó que ser universitario implica también ser activista de las causas justas. “Luchamos por un México en el que se viva en paz y con justicia, frente a las desigualdades, injusticias y dolores”, señaló. En este contexto, explicó que la trata se manifiesta en tres formas principales: sexual, esclavitud y reclutamiento forzado, este último cada vez más visible en casos de jóvenes desaparecidos que terminan trabajando para grupos criminales.

Por su parte, Jacobo Dayán, director del Centro Cultural Universitario Tlatelolco, planteó que las violencias son utilizadas por grupos delincuenciales y por el Estado para gestionar mercados lícitos e ilícitos, y que los ciudadanos se convierten en mercancía para el dominio de territorios y recursos. “La sociedad debe resistir en colectividad, no como individuos aislados, sino como comunidad con identidad y territorio, priorizando los derechos humanos”, afirmó.

Dayán también cuestionó el modelo educativo actual, que prepara a las personas para insertarse en el mercado laboral, sin priorizar el desarrollo humano. “¿No deberíamos poner en primer lugar al ser humano? Más que un buen médico, arquitecto o ingeniero, debemos ser buenas personas, con valores éticos, una brújula moral adecuada y compromiso con la comunidad”, reflexionó.

Durante su participación, el especialista abordó el tema “Caminar hacia la paz frente a las violencias y la trata de personas”, y recordó que los índices de violencia se dispararon con la guerra contra las drogas iniciada por el expresidente Felipe Calderón. Señaló que actualmente se ha normalizado el horror generado por más de 400 grupos criminales, y que delitos como la trata o la desaparición de personas no figuran en las estadísticas de alto impacto. “Pasamos de aceptar que los muertos son necesarios a negar el tema”, advirtió.

En los últimos 18 años, según cifras oficiales, se han registrado cerca de 600 mil homicidios, 120 mil personas desaparecidas, más de 30 mil denuncias por tortura, y una cifra desconocida de desplazamiento forzado, extorsión, secuestro y despojo de tierras. Ante este panorama, Dayán llamó a las universidades a asumir su papel de reflexión y acción, y a las juventudes a proponer soluciones como lo hicieron generaciones anteriores.

Finalmente, Nora del Consuelo Goris Mayans, directora de la FES Acatlán, aseguró que la trata de seres humanos es una de las grandes violaciones a los derechos de la sociedad, y que aunque la esclavitud fue abolida, esta práctica persiste en formas modernas. “Diariamente escuchamos cómo niños y niñas son afectados en esta condición que ha adquirido dimensiones globales”, señaló. Invitó a las y los estudiantes a reflexionar sobre el papel que cada uno debe asumir al ejercer una profesión, siempre desde el humanismo y los valores éticos.

Con este seminario, la UNAM reafirma su compromiso con la formación crítica, la defensa de los derechos humanos y la construcción de un país más justo, donde la palabra, el conocimiento y la acción universitaria sean herramientas para transformar realidades.

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