¡Aguas! con las aguas frescas

Foto: https://labdo.org/

Las aguas frescas forman parte de la identidad culinaria de México. Son el acompañamiento cotidiano en hogares, fondas, taquerías y restaurantes, elaboradas con frutas de temporada, cereales, semillas o flores, y casi siempre con abundante azúcar. Su popularidad es tal que, según datos de Merca 2.0, en algunas paleterías mexicanas se pueden vender hasta 637 litros semanales de estas bebidas.

Las más conocidas son las de limón con chía, jamaica, tamarindo y horchata, esta última de herencia española, a la que en México se le añadieron vainilla, canela y azúcar. También se preparan con naranja, sandía, melón, zapote, mango, coco o guayaba, reflejando la riqueza de la tierra y la creatividad de quienes las elaboran.

Sin embargo, estudios recientes invitan a mirar más allá del sabor. Una investigación publicada en la Revista Científica Cuadernos de Investigación, consultada por el Laboratorio de Datos contra la Obesidad (LabDO), analizó muestras de aguas frescas elaboradas artesanalmente en expendios públicos de Sonora. Los resultados revelaron concentraciones de sacarosa entre 72 g y 274 g por cada litro, superando la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que establece un máximo de 50 g de azúcar al día. “Dada la elevada concentración de sacarosa presente en las bebidas artesanales, el consumo de estos productos podría considerarse un factor de riesgo para el desarrollo de sobrepeso, obesidad y otras enfermedades asociadas”, concluyó el estudio.

La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua (Ensanut) 2020–2022 confirma la tendencia: el 82.6% de los niños en edad preescolar, el 93.6% de los escolares, el 90.3% de los adolescentes y el 76.3% de las personas adultasconsumen bebidas endulzadas, siendo los hombres los principales consumidores.

México se encuentra entre los 10 países que más azúcar ingieren en el mundo, con un promedio anual de 37.5 kg por persona, de acuerdo con datos de El CEO. Por ello, la OMS recomienda limitar el consumo de azúcar libre a menos del 10% de la ingesta calórica total y, para mayores beneficios, reducirlo a menos del 5%, lo que equivale a 5 o 6 cucharaditas al día (aproximadamente 25 gramos).

Las aguas frescas son parte de nuestra cultura y tradición, pero también un recordatorio de que la salud se construye con decisiones cotidianas. “Sigamos disfrutando de nuestras bebidas, pero con conciencia y equilibrio”, señalan especialistas en nutrición. La invitación es clara: mantener viva la tradición, pero al mismo tiempo cuidar el bienestar de las familias mexicanas.

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