Foto: Dirección General de Comunicación Social UNAM
En una conferencia magistral organizada por la Comisión Interna para la Igualdad de Género del Programa Universitario de Bioética, la investigadora del Centro de Investigaciones en Estudios de Género de la UNAM, Edith Ortiz Romero, subrayó la necesidad de apostar por una sociedad del cuidado que redistribuya responsabilidades y garantice derechos. “Hay que crear una cultura del cuidado a partir de las infancias”, afirmó.
Ortiz Romero explicó que el cuidado debe reconocerse como un derecho humano autónomo, tal como lo estableció la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con tres dimensiones básicas: ser cuidado, cuidar y el autocuidado. Señaló que todas las personas requieren atenciones en algún momento de su vida, pero la pregunta central es quién cuida y qué implica para quienes asumen esa tarea.
Con datos del INEGI, recordó que en 2022 el 78% de los hogares tenía al menos un integrante con necesidades de cuidado, lo que representaba 58.3 millones de personas, es decir, el 45.2% de la población total. De ellas, el 42% requería cuidados específicos. En contraste, del total de personas de 15 años y más, 31.7 millones brindaron cuidados en su hogar u otros espacios, de los cuales el 75% fueron mujeres y solo el 24% hombres.
La especialista detalló que las cuidadoras de personas con discapacidad suelen ser hijas o madres; en el caso de las infancias, el 86% de los cuidados recaen en mamás y abuelas. Para niñas, niños y adolescentes de seis a 17 años, las madres representan el 81% de quienes atienden, mientras que los padres apenas el 6%. En adultos mayores, las principales cuidadoras son hijas, nietas, parejas o cónyuges. “Esa es la realidad que vamos viendo y en donde las mujeres están presentes”, alertó.
Ortiz Romero enfatizó que esta participación inequitativa responde a roles de género históricamente asignados, lo que implica una mayor carga para las mujeres. En promedio, ellas dedican 28.2 horas semanales al trabajo doméstico, frente a 11.5 horas de los hombres. En el cuidado de personas, las mujeres invierten 13.6 horas, mientras que los hombres 8.7 horas, lo que repercute en su salud física y emocional.
Para revertir esta situación, planteó la creación de un sistema nacional progresivo de cuidados, con participación activa del Estado y servicios públicos de calidad, eficientes y suficientes. Esto incluye infraestructura especializada como estancias infantiles y hospitales, además de empleos y educación que fortalezcan la corresponsabilidad social.
La especialista insistió en que los cuidados no deben verse como una carga ni como asistencialismo, sino como una vivencia cotidiana compartida entre familias, sociedad y Estado. “La apuesta sería hacia una sociedad del cuidado y para ello debe haber una educación a partir de las infancias para que empecemos a tener esa responsabilidad”, concluyó.
Con este llamado, Ortiz Romero puso sobre la mesa la urgencia de transformar la manera en que se entiende y se practica el cuidado en México, reconociendo su valor y redistribuyendo las responsabilidades para construir comunidades más equitativas y humanas.
