San Valentín acaba de pasar y febrero siempre me trae la misma conversación al consultorio.
“Entonces… ¿qué somos?”
La pregunta viene cargada de ansiedad, insomnio y capturas de pantalla analizadas entre amigas. Viene de mujeres brillantes, independientes, inteligentes… atrapadas en el limbo emocional de una relación sin nombre.
Porque él “no cree en el noviazgo”.
No le gustan las etiquetas.
Fluye.
Es libre.
Es un ser profundo.
Es “moderno”.
Pero cuando sus amigos le preguntan ¿qué son?, él responde: “amigos”.
Si estás pasando por esto, la ciencia respalda lo que sientes. Investigaciones sobre relaciones de “vínculo confuso” (Vennum et al., 2014) muestran que, comparadas con la soltería, presentan más síntomas depresivos, menor satisfacción, más conflicto y mayor inestabilidad emocional.
Qué curioso cómo la filosofía new age aparece cuando se trata de compromiso, pero no cuando se trata de obtener los beneficios de la intimidad, ¿no?
La psicología del apego explica que algunas personas evitan las etiquetas no porque hayan “trascendido el sistema”, sino porque el compromiso les da miedo. El problema no es que él no crea en el noviazgo.
El problema es que sí cree en los beneficios de la intimidad… pero no en la responsabilidad emocional que implica sostenerla.
Y tú sí quieres claridad… pero intentas convencerlo de que él quiera lo mismo.
Si me permites una sugerencia personal y profesional: no vivas tratando de convencer a alguien de que eres fabulosa. No hagas campaña publicitaria para ganar lo mínimo.
Cuando alguien te quiere, no tiene dudas.
No necesita discursos elaborados para justificar su intermitencia.
Y contrario a lo que quizá aprendiste desde niña: estar soltera también tiene beneficios para tu bienestar.
La soltería ofrece algo que ni diez “casi algos” te darán: claridad y la posibilidad de construir una vida tan interesante que el amor que llegue tenga que estar a la altura.
Bella DePaulo, de la Universidad de California, ha documentado que las personas solteras suelen tener redes sociales más amplias, mayor autonomía y más crecimiento personal.
En contraste, estudios de Knobloch y Solomon (1999, 2004) encontraron que la incertidumbre relacional aumenta la ansiedad, la hipervigilancia (medir cada gesto), la necesidad de validación constante y la rumiación.
Entonces… ¿qué somos?
Si evade la respuesta o la disfraza con discurso new age, esa puede ser la información que necesitas.
Tal vez este febrero la conversación más importante no sea con él, sino contigo.
¿Qué harías si te digo que esta situación es un examen para medir cuánto te amas?
Caro Hernández