Hace poco trabajé con alguien que estaba pasando por diversas dificultades. Su vida estaba notablemente deteriorada en distintas áreas; sus vínculos y su salud se veían afectados. Había señales claras de que necesitaba atención especializada.
Se lo dije
con cuidado. Con respeto. Le propuse buscar apoyo psiquiátrico.
La
respuesta fue un no. Un no rotundo.
Y de
repente me encontré en una situación que me despertaba mucha impotencia: quería
ayudar con todas mis fuerzas… pero no podía hacerlo sola.
Porque hay
algo muy cierto en mi profesión: no todos los procesos se pueden acompañar
bajo cualquier condición.
A veces
pensamos que si alguien viene a sesión, eso significa que quiere cambiar. Pero
no siempre es así.
A veces
quieren aliviar el malestar… sin tocar lo que lo sostiene. A veces quieren sentirse mejor… sin atravesar lo que implica estar mejor.
Negar,
posponer, resistirse… puede no ser falta de voluntad, sino una forma de
protección. Aceptar ayuda puede sentirse como perder el control, admitir que
algo se salió de las manos o enfrentarse a una parte de la historia que no han
querido mirar.
Nadie
cambia por motivaciones ajenas. Nadie cambia si no quiere. Y nadie puede ser acompañado
adecuadamente si no está dispuesto a recibir ese acompañamiento completo.
Como
terapeuta, hay un momento en el que el cuidado también implica poner un límite.
Sostener un proceso sin las condiciones necesarias puede hacer más daño que
bien.
Tal vez
eres esa persona que quiere ayudar a alguien que ama, que le sugiere terapia,
que le comparte contactos, que incluso se ofrece a pagar sus sesiones… y aun
así la otra persona no quiere.
Si tú
también te has sentido así -queriendo ayudar a alguien que no quiere tu ayuda-
tal vez te sirva recordar esto:
Que no
te toca salvar a nadie. Que acompañar no es cargar. Que insistir no siempre es amar.
A veces,
el acto más amoroso no es hacer más… sino hacer un poco menos.
Menos
insistencia. Menos desgaste. Más respeto al proceso del otro.
No
puedes hacer por alguien lo que esa persona no está dispuesta a hacer por sí
misma.
Acompañar
no necesariamente es quedarse. Quedarse, sin las condiciones necesarias, también puede sostener el
problema.
A veces
acompañar es decir:
Esto es
lo que puedo ofrecerte. Si no es algo que quieras en este momento, lo respeto… pero
no puedo cargar con un proceso que tú no quieres iniciar.
Pedir
ayuda no siempre es lo más difícil. A veces, lo más difícil… es aceptarla.
Caro Hernández