Foto: Dirección General de Comunicación Social UNAM
Una investigación conjunta de la UNAM y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) reveló que los aparentes incendios en edificios de Teotihuacan ocurrieron en distintos periodos y no siempre estuvieron ligados al colapso de la ciudad.
El titular del Servicio Arqueomagnético Nacional (SAN), Avto Goguitchaichvili, explicó que el análisis de pigmentos rojos en murales cerca de la Plaza de la Luna y la Calzada de los Muertos, publicado en Journal of Archaeological Science Reports, muestra que los conjuntos de murales y estucos preservan señales confiables de ciclos de quema.
“Los resultados manifiestan una nueva visión de la evolución de la urbe a través de sus materiales”, señaló la investigadora Verónica Ortega Cabrera, de la Universidad Autónoma del Estado de México.
El estudio analizó 43 muestras de pigmentos y estucos con técnicas de arqueomagnetismo, empleando magnetómetros de alta precisión. Los resultados indican dos intervalos cronológicos: entre 300 y 400 d.C., y entre 550 y 650 d.C., este último asociado con el declive de la ciudad.
La restauradora del INAH, Gloria Torres Rodríguez, detalló que las diferencias en los tonos rojos y las pruebas de material quemado evidencian que las capas de pintura se aplicaron en momentos distintos, incluso cuando la urbe seguía habitada.
El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública destacó que estos hallazgos abren nuevas líneas de investigación sobre la evolución de Teotihuacan y la relación entre arquitectura, pigmentos y prácticas rituales.


