Luisa Alcalde tomó ayer de material de estudio a los periodistas Manuel López San Martín y Luis Cárdenas para justificar el control de medios que busca la 4T. La jurídica de Sheinbaum sigue el librito de Hugo Chávez, quien empezó con el caricaturista Pedro Zapata.
Chávez preparó su Ley de Responsabilidad Social en Radio y TV (Ley Resorte) criticando un cartón de Zapata: “¿Tú piensas así o te pagan para que opines así?”. Zapata le respondió: “¿Y cuánto cobra usted por hacerme tanta publicidad gratuita?”.
La caricatura mostraba un sable y la frase: “A mí me gusta la sociedad civil firme y a la orden”, en apunte al origen militar de Chávez. Fue publicada en El Nacional, finalmente asfixiado y expropiado por Maduro.
Aquí, Alcalde llamó “narrativa de desinformación” a las opiniones de San Martín y Cárdenas sobre los “derechos de audiencias” de la 4T. Consiste en poner un censor —ella lo llamó “ombudsman”— que revise los contenidos de los medios en nombre del “pueblo”.
Es lo mismo que hicieron desde el 2000 los gobiernos castrochavistas de la región: matar al periodismo crítico y concentrar el relato público en la voz presidencial, con leyes impuestas desde el poder.
Todas esas leyes anti prensa tuvieron nombres extraídos de la escolástica comunista latinoamericana, escrita en La Habana por ideólogos que hoy anidan en la 4T:
– Venezuela (Chávez y Maduro): Ley Resorte, 2004 – Ecuador (Correa): Ley Orgánica de Comunicación, 2013 – Argentina (Kirchner): Ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual, 2009 – Bolivia (Morales): Ley 045 contra el Racismo y Constitución, 2009 – Nicaragua (Ortega): Ley de Ciberdelitos y Ley de Agentes Extranjeros, 2020 – México (obradorismo): Proyecto de Lineamientos sobre Derechos de las Audiencias, 2026
Es un manual burdo, pero eficaz: Chávez lo hizo con “Aló Presidente”, Correa con “Enlace Ciudadano” y López Obrador y Sheinbaum con “Las Mañaneras”. Morales, los Kirchner y Ortega lo ejecutaron mediante conflictos y castigos públicos a los medios.
El castrochavismo no desaparece la libertad de prensa con una sola decisión: es a través de una acumulación de señales de deslegitimación del periodismo crítico y leyes populistas, flechas envenenadas con etiquetas atractivas como el “derecho de las audiencias”.
Pero el castrochavismo con ropaje democrático lo que quiere de los medios es aprobar sus contenidos y sembrar la autocensura.
Meter el miedo en el cuerpo.
– Rubén Cortés