No voy a hablar de Ciudad de México.
No voy a mencionar que es un país entero contenido en una capital.
No voy a decir nada sobre que es interminable y que no es comparable con ningún otro lugar del mundo.
No pienso hablar sobre nada de eso.
No diré nada sobre su gastronomía fascinante ni de su gente loca y deliciosa, ni de la demencia salvaje de la calle a todas horas.
No voy a pronunciarme sobre las lágrimas que se me cayeron viendo el Museo Antropológico Nacional, que es FABULOSO.
Ni de la pena inmensa que siento siempre al irme de aquí.
Me voy a callar, es absurdo hablar.
Solo diré que la estoy viendo desde la ventanilla de mi avión y ya quiero volver.
- Jaime Rodríguez