Vivimos en una época que premia la prisa y mide el valor de los días por la cantidad de tareas tachadas en la agenda. Sin embargo, en medio del ruido cotidiano y la urgencia por llegar a ninguna parte, existen pequeños refugios silenciososque nos devuelven la cordura. Esta entrega es una invitación a detener el paso, servirse algo caliente y recordar que los momentos más significativos de la vida no se conquistan corriendo, sino aprendiendo a habitar el presente.
“Aprender a parar no es un acto de pereza; es el arte de recordar quiénes somos antes de que la prisa nos lo borre.”
Reflexión
Escribir sobre el tiempo me hace volver a las tazas de café que Mami dejaba enfriar mientras nos escuchaba. Hoy que el mundo nos exige ir cada vez más rápido, entiendo que la prisa es la forma más sutil que tiene la vida de pasarnos de largo.
No podemos controlar la velocidad con la que gira el mundo allá afuera, pero sí podemos elegir el ritmo con el que habitamos nuestra propia casa y nuestro propio corazón. Detenerse diez minutos no nos resta productividad; nos devuelve la humanidad. Ojalá que hoy te regales ese pequeño paréntesis, que te escuches sin prisa y que recuerdes que quien no aprende a parar, termina olvidando por qué estaba corriendo.
—Momsy ♥
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