Foto: Dirección General de Comunicación Social UNAM
La restitución de los ecosistemas selváticos no inicia al sofocar las llamas, sino cuando las poblaciones locales deciden sobre el destino de sus tierras, afirmó la investigadora de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI) comisionada en El Colegio de la Frontera Sur, Claudia María Monzón Alvarado.
Al participar en el Seminario permanente Geografía del Fuego organizado por el Instituto de Geografía, la especialista en sistemas socioecológicos subrayó la relación entre el manejo del fuego y la equidad social: “La gobernanza del fuego y de la restauración, así como la justicia ambiental son inseparables. La restitución no comienza cuando termina el incendio, sino cuando una comunidad puede decidir colectivamente el futuro que desea para su territorio”.
A través del estudio desarrollado en el Área de Conservación Voluntaria 5 de febrero en Campeche, la experta advirtió que la regeneración posterior a los siniestros forestales registra anomalías por la tala, provocando la pérdida de vegetación originaria como caoba, cedro, ramón y ciricote.
El análisis identifica que la quema del terreno responde a diversas necesidades productivas y comunitarias: la actividad agropecuaria, el mantenimiento de veredas, la cacería, la producción de carbón e incluso la eliminación de desechos sólidos.
Ante esta dinámica, Claudia María Monzón Alvarado explicó junto a sus colaboradoras Rose Mabille, del Instituto Agro Montpellier, y Laurène Feintrenie, de la unidad UMR-TETIS, que las soluciones exigen un marco integral enfocado en la prevención, el monitoreo por sensores remotos y el fortalecimiento de brigadas comunitarias.
La investigación, vinculada al proyecto de resiliencia frente al cambio climático en el corredor biológico Balam Beh, examina tres ejes centrales: la capacidad de recuperación vegetal, la adaptación de los territorios y las dinámicas en la toma de decisiones locales.
“Cualquier iniciativa que promueva la regeneración forestal debe incluir también estos valores, preferencias, conocimientos y prácticas para ‘amarrar’ cualquier apuesta que busque esa sostenibilidad”, concluyó la investigadora al recalcar el valor del conocimiento tradicional en la conservación.


