“Solo pasa en las películas”

Pasamos la vida esperando a que nos ocurra algo como lo que os voy a contar.

Lo buscamos en el metro, cuando nos enamoramos fugazmente durante tres paradas. O cuando caminamos por una Gran Vía abarrotada y nos fijamos en alguien que nos llama la atención entre miles de figuras anónimas.

Soñamos con ello en la sala de espera del dermatólogo y hasta en un funeral.

Pasamos la vida esperando a que ocurra lo mismo que les ocurrió a nuestros protagonistas, pero en realidad, esto solo pasa en las películas.

Ese día, ellos —sin conocerse aún— iban a dormir en el mismo hotel, cada uno en una habitación. Y aquella noche, como tantas veces, ambos viajeros cenaban solos bajo la gran cúpula del Ritz; cada uno en su mesa.

Podrían no haberse cruzado nunca.

Aquel camarero podría no haber cometido aquel error intercambiando sus postres pero entonces, la magia de las historias extraordinarias nunca hubiese aparecido.

Primero, se tomaron un Manhattan, en la misma mesa. Después, algunos más, ya en el bar del hotel.

Él era de Seattle, ella de Barcelona. Él cogía un vuelo a primera hora de la mañana y ella un tren —a la misma hora— a la Ciudad Condal

Los dos sabían que la noche más especial de sus vidas tenía hora de caducidad.

— Esto es un Erasmus— bromearía él.

Entonces los dos supieron que esa noche no iban a dormir y a las cinco de la mañana, cuando el romance ya se podía tocar con las manos, ella habló.

— ¿Y si subimos a mi habitación?

La 103 se convirtió en un cielo en llamas.

Pero con los primeros rayos llegó la hora de la despedida; la de los trenes y los aviones.

Se dieron el beso más largo de la historia prometiendo verse en el lobby para darse otro y no volver a verse jamás.

Cuando él bajó, no la vio. Entonces, ansioso, preguntó en recepción:

— ¿Sabe si han dejado la 103?
— Este sobre es para usted.

Al abrirlo, no podía creer lo que había dentro: dos pedazos de un mismo billete de tren, rotos.

— Le está esperando arriba— dijo el recepcionista.

En el ascensor, de vuelta al cielo, él sonrió.

Porque hay cosas que solo ocurren en las películas. Pero hay otras, mucho mejores, que solo ocurren en la vida real.
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- Mandarin Oriental Ritz, Madrid x Jaime Rodríguez

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