Duque Cornejo #49

Conozco perfectamente una casa que nunca volveré a pisar. La habité durante un año. Sé perfectamente su distribución. Al entrar por la puerta, lo primero que se ve es una pared blanca que, durante mi estancia allí,estuvo decorada por posters de películas que, junto con Diana, compramos a seis calles de allí. Un sofá de color negro descansa abajo de ellos. A la derecha del sofá está un refrigerador que gotea en los meses de calor.

Frente al sofá está una mesa de cristal y herrería negra acompañada por cuatro sillas en las que alguna vez se sentaron Nomi, Ricarda, Anne, Otto, Santiago, Karla, Miguel, Diana, Alma, papá, Emilio y yo. Hoy en día la ocupan personas que para mí siempre serán extraños. A la izquierda de la puerta está una pequeña habitación con una cama individual, un escritorio y un closet que alguna vez tuvo el olor de Diana. Hoy, quizás descanse en un basurero. En la pared de arriba del escritorio pusimos una bandera de Andalucía que compramos durante la fiesta de la provincia frente al Corte Inglés de la Plaza del Duque de la Victoria. Allí durmió gente a la que quiero.

Después de ese cuarto está donde dormíamos Diana y yo. Donde pasé noches de insomnio por no poder resolver mi estatus migratorio. Donde Diana durmió días y noches cuando no le apetecía salir de la cama. En una de las paredes pusimos varias postales que compramos en el Museo del Prado y me robé del Palacio de las Dueñas. Allí nos despertaron un sinnúmero de procesiones que pasaban frente a la ventana. Allí nos amamos y nos peleamos y lloramos y reímos. Hoy, alguien más hace todo eso, sin pensar en que una parte de mi espíritu sigue en esa habitación.

A la izquierda del sofá negro está el baño. De loza azul y paredes blancas. Allí me rasuré por primera vez la barba para dejar solo al bigote. Ahí me bañaba con agua muy caliente durante el invierno cuando el frío me parecía insoportable y me bañaba con agua fría cuando se acababa el tanque de gas que apenas habíamos cambiado hace una semana. Quizás aún haya algún cabello de Diana en la parte de atrás del lavabo porque es muy difícil limpiar ahí. Hoy, alguien más se deja el bigote allí.

Después del comedor, hacia adentro, está la cocina. Decorada por pequeñas losas con dibujos de naranjas.La comida de navidad de hace unos años se preparó ahí. También ahí me emborraché incontables veces mientras preparaba un platillo que me quedaba demasiado salado. Ahí Diana perdió un lunar que residía arriba de su ceja a manos del aceite hirviendo. Por cierto, la puerta de la repisa que está arriba de la estufa eléctrica está rota. Pensándolo bien, ya no lo está. Hoy, seguramente, ya la arreglaron. En la cocina hay una puerta que da al patio interior. En ese patio enseñamos a volar a un vencejo y murió otro. Ahora, puedo ver todo esto, como si estuviera en un sueño.

Sé que el arrendatario es Jesús y lo ayuda su hermano gemelo Fran. La vecina, que hoy ya es otra, canta todas las mañanas una bachata. Conozco perfectamente una casa que ahora solo puedo pisar aquí, en estas líneas.

– Santino Cortés

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