Esta es la historia de una discusión con mi madre.
Estaba en la presentación de un libro y tenía 13 años. Siendo sincero, no quería estar allí, pero mi madre me pidió que la acompañara. Señores trajeados y barbados hablaban muy seriamente sobre algún acontecimiento trascendental que no recuerdo. Afortunadamente cargaba con mi mochila. Infinidad de posibilidades. Encontré mi PSP y me puse a jugar FIFA. Ronaldinho acababa de fichar por el Cruz Azul.
A mi madre no parecía importarle el fichaje bomba y me pidió que lo guardara. Después de una breve discusión por fin lo guardé. Me dijo: “Por lo menos ponte a leer algo”. Fantástico. Acababa de llegar a mis manos un ejemplar morado de Yonqui, libro de William Burroughs. Leí furiosamente. Burroughs se inyectaba morfina, lo perseguía la policía, rogaba a un doctor por una receta de benzedrina.
De pronto, mi madre preguntó en voz baja qué leía. Le mostré la tapa. Sus ojos se abrieron como dos soles.Me preguntó cómo obtuve el libro. Le respondí que se lo pedí a mi padre y él lo compró. Inmediatamente sacó su teléfono y tecleó. Yo sabía que estaba hablando con mi padre.
Conocí al señor Burroughs poco después de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara del 2014. Mi papá volvió con una maleta llena de libros para mí. Siempre traía novelas gráficas. Entre las que había traído estaba Uncle Bill del ilustrador mexicano Bef. En la novela gráfica, Bef cuenta cómo comenzó su obsesión por Burroughs. Sus visitas a los sitios donde había estado el escritor y una recapitulación de su vida.
Toda buena obsesión es transmisible. La de Bef se hizo mía. En una visita a la librería Rosario Castellanos le pedí a mi padre que me comprara Yonqui, El almuerzo desnudo y Queer. Lo hizo. Al día siguiente estaba en la presentación que les contaba al principio. Mi mamá estaba preocupada. Yo estaba a punto de inyectarme morfina y matar a mi esposa inexistente en la Roma. Eso no era permisible. Confiscó el libro.
Llegando a casa le marcó a mi padre y lo puso en altavoz. No ahondaré en la discusión porque no la recuerdo. Mi padre le dijo a mi madre que no por leer a Burroughs me iba a hacer drogadicto. Mi madre se quedó pensando unos segundos y dijo que estaba bien. Me miró y me pidió que no fuera drogadicto. Soy editor y escritor, en buena parte, por el señor Burroughs.
Hace poco compré la edición del cincuenta aniversario de Yonqui. Mientras lo compraba me subió por la espalda el miedo a que mi mamá me regañara. Lo escribe Burroughs en Yonqui: “El cuerpo recuerda lo que la voluntad quiere olvidar”. Después recordé que no tengo 13 años. Hace un tiempo estuve por trabajo en la FIL de Guadalajara y me encontré a Bef. Le agradecí y conté esta historia. Se rió mucho. Para consuelo de mi madre nunca me he inyectado morfina.
– Santino Cortés