Todavía no sé muy bien lo que voy a hacer este verano pero supongo que mis días se van a repartir entre Madrid y alguna playa del mediterráneo.
En plena promo de la novela, es mejor permanecer en este huso horario. Es lo que me toca y no me voy a quejar.
Ciudad y Mediterráneo. No suena nada mal pero tampoco es lo que le pediría a los reyes magos.
Siempre que vislumbro el verano en la ciudad, un sentimiento enfrentado me atrapa y quiero salir de aquí a la vez que quiero disfrutar de, por lo menos, 15 días de agosto en Madrid. A su vez tengo claro que necesito tomarme un descanso más o menos largo del asfalto, el metal, el hormigón y la esquizofrenia de la capital.
Madrid en agosto puede llegar a enganchar muchísimo y –si has tenido la suerte de pasar un verano de los buenos aquí– es muy probable que te quedes atrapado en él para el resto de tus días mientras vives intentando que se repita hasta que te mueres.
¿Lo malo? Es muy difícil que algo así ocurra dos veces.
¿Lo bueno? En Madrid tu mejor verano todavía no ha llegado. Yo ya llevo cinco y sé que me quedan algunos más.
Madrid, entonces, será solo para nosotros; para los valientes. Los que quedamos aquí nos las sabremos todas y si te mueves bien, cualquier día de agosto será un viernes noche bastante memorable.
Gatos y gatas calientes y huidizos, con ganas de quemar los últimos cartuchos del verano y con ninguna intención de irse a la cama.
Sedientos de piscina y ventilador. Vampiros que salen de noche porque de día, aquí, ya no se puede hacer nada.
Y en algún momento, me largaré al mar porque ya no aguantaré más todo este voltaje.
Una de las cosas que le pido a este verano es llenar mis días de verdad y de experiencias reales.
Olvidarme de que llevo una cámara de fotos en el bolsillo, paladear cada arroz que me tome y estar presente en cada baño que me dé. ← (Aquí está el único error ortográfico: “me dé” lleva tilde en “dé”)
Quiero leer y pensar y mirar a las estrellas hablando de chorradas como cuando era pequeño en Navacerrada.
Que durante diez o quince días pueda hacer solo lo que me apetece en cada instante y ser el único espectador en el patio de butacas de mi vida.
Yo creo que si lo logro puede ser un verano inolvidable.