Foto: Dirección General de Comunicación Social UNAM
A diez años de su declaratoria como tercera raza de perro nacional, aún falta detallar los esquemas biológicos del Calupoh, señaló Raúl Valadez Azúa, titular del Laboratorio de Paleozoología del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM. “Es un animal muy reactivo, equivalente a los lobos, que solo se siente a gusto con quienes considera parte de su manada”, explicó.
El especialista subrayó que no es un perro de guardia, sino de compañía, que vive en el entorno familiar. Su fuerte instinto de lobo requiere trabajo para lograr ejemplares que combinen resistencia y lealtad con la docilidad de un perro doméstico. Se prevén estudios genéticos de ADN para conocer mejor su condición híbrida.
En el ámbito histórico, Valadez recordó que restos óseos de entre 700 y mil 100 años muestran características de híbridos de lobos y perros. El ejemplar más completo, hallado en 1978 cerca del Templo Mayor junto al monolito de la Coyolxauhqui, fue analizado por Alicia Blanco Padilla, quien determinó que tenía rasgos más cercanos a un perro que a un lobo.
Comparaciones de mandíbulas y cráneos revelan diferencias claras entre lobos, perros y loberros. En la época prehispánica se conseguían híbridos llevando hembras en celo al monte para que convivieran con lobos. Esa tradición abrió la posibilidad de impulsar, siglos después, el proyecto de crear la tercera raza de perro mexicano.
“Falta mucho por conocerle, pero es un animal de compañía más que de protección”, concluyó Valadez Azúa.

