Tras 11 meses con EU respirándole en la nuca, el castrismo pierde los nervios y arrastra a México: poco favor hizo a Sheinbaum el embajador cubano, al decir que trabaja para “retomar” los envíos de petróleo de México.
La declaración rompió el silencio estratégico de la presidenta, que maneja el tema con cautela para no irritar a EU y, a la vez, preservar la retórica de solidaridad para contentar a los fundamentalistas de su bando.
Sí: el embajador presionó a la 4T al ventilar una negociación para reactivar los envíos de petróleo, algo que no hará Sheinbaum, porque le importa más la relación con EU, mientras con Cuba mantiene la neblina de la soberanía y la hermandad.
Fue por eso que el embajador se desdijo y aclaró que hablaba de “una aspiración y no un hecho”. Pero ya había dinamitado el control de daños de México, y complicado el difícil equilibrio de Sheinbaum con EU.
Con la inversión extranjera en su peor momento, la economía mexicana vive de las exportaciones a EU: para Sheinbaum es prioridad de seguridad nacional mantener la relación comercial y evitar la activación de aranceles y represalias comerciales.
La falta de tacto del embajador es parte del desequilibrio diplomático que empieza a registrar el castrismo ante el olvido en que echó Marco Rubio las negociaciones con Raúl Castro: el secretario de Estado dejó de estar interesado en el tema, y lo dejó reposar.
El desespero de los cubanos se vio esta semana en la ONU: el canciller protagonizó un enfrentamiento verbal y físico en el recinto de la Asamblea General, a tal nivel que el gobierno estadounidense expulsó inmediatamente a un diplomático cubano.
Mientras hablaba el representante de EU, el canciller cubano y los suyos avanzaron hacia el podio gritándole “mentiroso”. El estadounidense les dijo “no entienden que esto es Estados Unidos; den un paso atrás”. Uno de los cubanos dio de manotazos.
No se puede separar el desaguisado de los cubanos en la ONU con la exigencia en la CDMX del embajador cubano para que México actúe como “país hermano”, sin importarle el costo económico para los mexicanos:una falta de tacto y una exigencia desproporcionada.
La negativa del castrismo a negociar con Washington colocó a sus aliados, especialmente a México, en una posición desde la cual no pueden ayudar a la dictadura, más que con pura retórica de solidaridad y hermandad, la retórica no se come.
El castrismo perdió prenda de que, al inicio de las negociaciones, Rubio sólo demandó abrir la economía a las empresas estadounidenses, permitir inversiones multimillonarias en infraestructura y hoteles, y libertades a emprendedores privados.
Los cubanos se creen el ombligo del mundo.
Y están pagándolo caro.
– Rubén Cortés