En México cada 28 de agosto celebramos el Día Nacional de las Personas Mayores con la finalidad de visibilizar a este sector de la población, reconocer su trayectoria y valorar sus aportaciones al desarrollo de nuestro país. Sin embargo, esta conmemoración también es una oportunidad para reflexionar sobre una realidad que ya forma parte de nuestra sociedad: México está envejeciendo. Esta transformación demográfica nos invita a repensar nuestras instituciones, nuestras políticas y nuestra manera de entender la vejez, particularmente en materia de igualdad, inclusión y no discriminación.
De acuerdo con el Consejo Nacional de Población (Conapo), en 2025 México tenía más de 17 millones de personas adultas mayores, cifra equivalente al 12.8% de la población y superior a los poco más de 16.9 millones de habitantes que tenía el Estado de México en 2020. El envejecimiento demográfico responde a dos tendencias simultáneas: vivimos más años -la esperanza de vida alcanzó los 75.9 años- y tenemos menos hijos -en 2023, la fecundidad se situó en un promedio de 1.6 hijos por mujer, por debajo del nivel de reemplazo generacional-. Como resultado, para 2030 las personas adultas mayores representarán el 14.96% de la población y, para 2070, el 34.2%. Este cambio se hará aún más evidente en 2034 cuando habrá más personas mayores de 60 años que niños menores de 12, de acuerdo con el Programa Nacional de Población 2026-2030.
Este cambio demográfico no debe entenderse como un problema, vivir más años es un logro de nuestra sociedad y resultado de los avances de la ciencia, la medicina y los servicios de salud. El desafío consiste en garantizar que las personas adultas mayores puedan vivir con dignidad, igualdad, bienestar y puedan ejercer plenamente sus derechos. La Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS) 2022 reveló que el 15.3 % de las personas de 60 años y más experimentó alguna situación de discriminación durante los cinco años anteriores. Entre quienes la padecieron, 61.6% la atribuyó a su edad y el 27.3% al hecho de ser mujer. Estos datos muesrtan que no todas las personas llegan a la vejez en las mismas condiciones y que la edad, combinada con el género, puede profunidzar situaciones de desigualdad y exclusión.
En este contexto, el Gobierno de México, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, amplió la política de protección social del Estado mexicano al poner en marcha la Pensión Mujeres Bienestar y el programa Salud Casa por Casa. Asimismo, elevó ambos programas a rango consitucional. Estas acciones representan avances importantes para fortalecer la seguridad económica de las mujeres de 60 a 64 años y acercar servicios de atención y seguridad médica a los hogares de las personas adultas mayores.
María Elena Orantes
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