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En México, 45% de la población adulta presenta mala calidad del sueño, según la Clínica de Trastornos del Sueño de la UNAM, cifra superior al promedio global de la OMS de 40%. La privación del descanso activa mecanismos hormonales y emocionales que dirigen el apetito hacia productos dulces, salados y ultraprocesados.
Un artículo de la American Physiological Society advierte que no dormir lo suficiente es un factor de riesgo para aumento de peso, resistencia a la insulina y diabetes tipo 2. A su vez, un estudio publicado en Nature Communications documentó que una sola noche de sueño insuficiente reduce la actividad en la corteza frontal —encargada de moderar decisiones alimentarias— y activa la amígdala, lo que genera un deseo de consumir 600 calorías adicionales en alimentos de alta densidad calórica.
Dormir solo 4 horas durante dos noches seguidas puede elevar la grelina (hormona del hambre) en 28% y reducir la leptina (hormona de la saciedad) en 18%, de acuerdo con el International Journal of Endocrinology.
El insomnio también se relaciona con estrés, ansiedad y padecimientos médicos, mientras que comidas pesadas o fritas dificultan la digestión y el descanso.
Médicos recomiendan dormir entre 7 y 9 horas diarias, evitar cafeína dos horas antes de acostarse y reducir el uso de pantallas. “Reconocer al cansancio como detonador de antojos es clave para mantener una buena salud”, señalan especialistas.

