El otro día hablé con un hombre de la decadencia de Tulum.
Todos recordamos que, hace diez años, esta ciudad de la Península de Yucatán era una joya de aguas cristalinas y turquesas y se puso realmente de moda. Yo lo pude conocer —estuve un par de veces— y doy fé de ello.
Era precioso, estaba lleno de gente guapa y te tropezabas con un mazacote de belleza a cada paso que dabas.
Este tipo —que había vivido toda su vida allí— hablaba con añoranza de la época dorada su ciudad natal, pero aseguraba que ahora había un abandono notorio en la zona, hoteles cerrados, playas sucias y muy poca gente.
Ya a nadie quiere ir a Tulum. Tulum está roto.
Yo creo que fue el primer lugar de México que sucumbió al efecto de instagram: de pronto, todos subíamos fotos desde allí con el filtro valencia y empezaron a levantarse hoteles a diestro y siniestro. Todos queríamos vivir una especie de aventura dicapriana como la de La playa (Danny Boyle, 2.000) y, estuvese en el sudeste asíatico o en esta parte del mundo, la posibilidad de hacerlo se convertia en realidad en Tulum.
Recuerdo que hace años fui a un complejo hotelero que colgaba de los árboles —no a dormir— con un lujo que pocas veces había visto en mi vida.
Gran parte de la culpa de que ya nadie quiera ir a Tulúm la tiene el sargazo; un alga invasora que llega constantemente a sus playas de película convirtiedoles en pocilgas malolientes. En febrero de este año, el gobierno mexicano recogió 244 toneladas, frente a 59 toneladas de febrero del año pasado.
Ese salto de un año a otro es una barbaridad.
El hombre con el que hablaba me dijo que el sargazo era Dios, advirtiéndonos de que no podemos seguir así.
Que tenemos que parar.
Al principio miré con incredulidad pero en seguida pensé que también podía tener razón.
¿Y si hay un Dios que está muy cabreado con nosotros fabricando sargazo a todo lo que da la máquina?
¿Quién soy yo para saber si existe? ¿Y para asegurar que no?
¿Qué es más sensato, pensar que todo viene de un ser superior o que, por el contrario, surge de la nada?
No sabemos nada.
Piensalo bien: NO SABES NADA.
Todo es posible, y eso es lo maravilloso y a la vez aterrador de este viaje.
- Jaime Rodríguez