Este texto aún no está escrito. No está escrito porque no he leído en tres días. No he leído en tres días porque vi el partido de Brasil y el de Alemania y el de Marruecos y Francia y México. Tampoco está escrito porque fui al Ángel tras la victoria de México y me aburrí en Reforma. En lugar de escribir este texto vi a la gente celebrar desde el balcón cuando regresé a casa y pensé en que todo es muy pequeño y nada tiene sentido. No tiene sentido la gente tirada en el suelo, ni la bandera, ni el fútbol. Todo es muy pequeño y no tiene sentido. Aún así bailamos. Aún así amamos.
Me encantaría haber escrito este texto y no el que estoy escribiendo. Me encantaría poder citar a un autor que reemplazara esto por algo coherente, pero en mi cabeza sólo está el Soneto XVIII de Shakespeare que empieza diciendo “Shall I compare thee to a summer’s day”. Por más que quisiera, el dramaturgo no está aquí para escribir este texto. Tampoco está Guillermo Cabrera Infante para llenar una página entera que diga únicamente Blen Blen Blen Blen Blen Blen Blen Blen Blen Blen Blen Blen Blen Blen Blen Blen Blen Blen.
Y eso es una tragedia, porque de ser así, todo lo anterior lo habrían escrito dos autores que lamentaría no haber leído los pasados tres días. Las líneas anteriores serían mejores si no estuviera lloviendo y no me pusiera triste. Todos los días llueve y el cielo gris y bajo de esta ciudad se posa afuera y el sol es solamente el recuerdo majestuoso de una multitud de flores. Quizás si afuera hubieran flores este texto realmente existiría y mañana, al despertarme, no me entraría la angustia de no haber escrito.
Prometo que me hubiera gustado mucho hacerlo. Pero no puedo hacerlo porque ayer presencié la muerte de un colibrí. Su pico largo y sus imbatibles alas verdes estaban destrozadas por el paso de los autos. De no haber visto eso, escribiría este texto en lugar de este y por fin me sentiría orgulloso de haber hilado unas cuantas líneas maravillosas que olvidaré en un par de semanas.
Tristemente no hay nada que pueda hacer. No escribí este texto porque estuve escuchando algunas canciones de pop que a mi mamá le gustaban cuando era un niño. La nostalgia de un recuerdo lejano y vago me inmovilizaron unos minutos en cama. Además, el día que debí haberlo escrito una tienda olía como mi abuelo en Cuba. No lo escribí porque dediqué el tiempo a intentar recordar su voz y la reconstrucción que hice de ella me da la sensación de recordar el recuerdo de un recuerdo.
Si este texto existiera, quizás empezaría diciendo “El tiempo es solamente tiempo y lo poco que tenemos para confirmarlo son grietas en las manos”. Afortunadamente no existe y puedo pensar con calma en el final del soneto de Shakespeare “this gives life to thee”.
– Santino Cortés