El paseo como forma de vida.
Echar a andar y esperar a que pasen cosas (siempre pasan cosas).
No coger una llamada porque estás manteniendo una conversación en tu cabeza con un turista japonés de cincuenta años.
Desinstalarse Google maps.
Entrar en una tienda solo por el aire acondicionado.
Enamorarse de una chica única y exclusivamente por la cara que ha puesto cuando se le ha caído un café de Starbucks en Gran Vía.
Rendir pleitesía a las cosas pequeñas.
Dejar las expectativas en casa, que son veneno.
Cancelar tu agenda porque porque estás ocupado poniendo un pie delante del otro.
Ser un flâneur sin saber francés.
De excursión por tu código postal.
¿Rumbo? No, gracias, lo estoy dejando.
Pasar por el mismo sitio por el que pasas todos los días y ver algo que nunca habías visto antes.
Transformar con los superpoderes de tu mirada lo antiguo en vanguardista.
Dejarse captar por la secta del garbeo.
¿Diez mil pasos? JA.
Que eye app sea tu aplicación con más horas de uso.
Destrozar tus zapatos; darle una buena paliza a esos cabrones.
Entender perfectamente lo que está haciendo una bandada de pájaros.
Meterse en el metro sin saber cual es tu parada porque no tienes parada.
El detalle como religión.
Y venerar, siempre, el verano en la ciudad.
- Jaime Rodríguez