Kit de supervivencia navideña

Tengo que confesarte que esto es algo que sí me ha robado la paz en muchas sobremesas decembrinas. Hay algo particularmente incómodo en estar masticando tu cena mientras alguien —generalmente una tía, un tío o algún amigo con cero mala intención— decide auditar tu vida con una pregunta comodín:

“¿Y para cuándo…?”

Los hijos. La pareja. La boda. El título. El siguiente logro que aparentemente valida que vas “bien” en la vida.

Hace ya varias Nochebuenas tuve la epifanía que me ha salvado de varias indigestiones: esas preguntas no hablan de mí, sino de las expectativas ajenas sobre cómo debería verse una vida “bien llevada”.

En consulta escucho lo mismo cada diciembre: personas que llegan relativamente bien… hasta que la mesa familiar o la posada con amigos se convierte en interrogatorio. Lo curioso es que estas preguntas suelen venir envueltas en un bonito papel de regalo: “es por tu bien”, “es porque te quiero”. Pero el efecto no siempre es agradable ni bienvenido. Para muchos, activa ansiedad, comparación y culpa.

Estudios sobre salud mental estacional indican que los eventos cargados de simbolismo —como las fiestas familiares— activan la memoria emocional y los procesos de comparación social. De acuerdo con la Asociación Americana de Psicología (APA), más del 60 % de los adultos reportan un incremento significativo de estrés durante las fiestas, principalmente por expectativas sociales, comparaciones y presión familiar. Este aumento del estrés se asocia con mayor culpa, ansiedad y autoexigencia, especialmente en quienes no siguen el “guion” tradicional de pareja, hijos o estabilidad.

Con los años —y varios diciembres encima— he ido construyendo mi propio kit de supervivencia navideña, que hoy te comparto por si alguna tía decide improvisar una entrevista laboral en plena cena:

  1. Respuestas cortas y aburridas. “Estoy bien así” o “todo a su tiempo”.
  2. El cambio de tema es un arte. “¿Y tú cómo has estado?”, “¿te gustó el postre?”.
  3. El humor como escudo. “Ya se lo pedí a Santa, a ver si me lo trae”.
  4. Salidas estratégicas. Ir al baño, ayudar en la cocina, salir a tomar aire.


Y si nada de esto funciona, siempre tenemos una respuesta a la que las tías no pueden resistirse: “Dios dirá” o “cuando Dios quiera”. Fin del debate.

Tal vez te des cuenta de que las preguntas incómodas son solo una parte del problema; dejar de responderlas en automático te corresponde a ti. Recuerda que la vida no es un checklist ni un proyecto colectivo. No tienes que convencer a nadie de que “vas bien”.

Así que si esta Navidad alguien pregunta “¿y para cuándo?”, recuerda: no hay manera de que vayas tarde en tu propio camino personal, porque tú eres quien define las fechas de cada evento.

Y si tienes la sensación de que “te quedaste atrás”, quizá sea momento de preguntarte: ¿estoy tomando prestada la prisa de alguien más?

Y si no me crees a mí, te dejo una frase de Rainer Maria Rilke, poeta y pensador austríaco:
“Ten paciencia con todo lo que no está resuelto en tu corazón y trata de amar las preguntas mismas.”

Caro Hernández

Compartir:

Artículos relacionados