La última libreta de Pancho Garfias

Foto: Página13

Hay hombres que no solo ejercen un oficio, sino que lo habitan con el alma entera. Francisco “Pancho” Garfias ha partido a los 75 años de edad, dejando en las redacciones del país, pero sobre todo en el corazón de quienes lo amaron, un vacío insustituible y una luz que jamás se apaga.

 

Pancho encontró su propio rumbo en la vocación  por la palabra escrita y la búsqueda incesante de “la nota”. Su vocación no conocía pausas ni horarios: entendía la información como un acto de entrega diaria, donde la responsabilidad, la ética, la humildad y la cercanía humana eran la única brújula posible.

 

Su historia internacional comenzó a forjarse a principios de los años ochenta. Como corresponsal en la capital francesa, caminó las calles de París atestiguando el pulso del mundo: desde la llegada de François Mitterrand y las tensiones en el País Vasco, hasta la conmoción por el atentado contra Juan Pablo II. En aquellos primeros años de juventud y salarios modestos, Pancho mostró esa entereza y nobleza que siempre lo caracterizaron. Con la guitarra en mano y el coraje por delante, entonó canciones en los pasillos del metro parisino para hacerle frente a la vida, con la dignidad intacta de quien abraza su camino.

 

Años más tarde, tras su paso por Radio Educación y su consolidación en Excélsior desde 1983, sus crónicas viajaban a través de télex desde la rue Dauphine. Entrevistó a grandes figuras de la política internacional, pero uno de sus momentos más humanos ocurrió durante los trágicos sismos de 1985 en México, cuando convirtió su trinchera europea en un puente de comunicación indispensable para abrazar a la distancia a las familias que buscaban noticias de los suyos.

 

Al regresar a su tierra en 1989, Pancho se convirtió en los ojos y oídos del periodismo en el Congreso de la Unión. Nadie como él entendió los pasillos del poder, las disputas legislativas y los momentos decisivos de la transición democrática en México. Sin embargo, detrás del cronista de la emblemática columna Arsenal, siempre habitó el ser humano cálido, el hombre de la sonrisa franca y de palabra firme.

 

Invariablemente acompañado por su pluma y su libreta de apuntes, Pancho sabía escuchar con atención genuina. Respetó con lealtad el secreto profesional y la confianza de sus fuentes, ganándose un afecto y un respeto unánimes en el gremio. Su método jamás cambió: creía en mirar a los ojos, en caminar la calle y en contrastar cada dato antes de entregarlo al lector.

 

Ese rigor inquebrantable lo mantuvo activo hasta el último momento. Con la agudeza que siempre lo distinguió, firmó su última entrega el pasado 26 de septiembre de 2026 bajo el título “Arresto domiciliario para el preso 6515”, cerrando con dignidad una vida entera dedicada al análisis puntual de la realidad nacional.

 

En marzo de 2017, al mirar el camino recorrido, Pancho condensó en una sola frase la esencia de lo que fue su vida entera: “Fui contratado como columnista. Disfruto lo que hago. Seguiré en esta centenaria publicación hasta que me corran o me muera, por una poderosa razón: Puedo escribir libremente”.

 

Hoy se cierra la libreta, pero se queda intacto el legado de un periodista íntegro, un hombre libre y un ser humano profundamente amado.

 

Descanse en paz, querido Pancho Garfias.
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