Al señalar a Jaime Bonilla por filtrar audios que la muestran como potencial informante de EU, Marina del Pilar Ávila usa la única táctica que modula una acusación: dar nombres. Pero agrieta al obradorismo: Bonilla es obradorista de la primera hora.
Como sea, la historia de Bonilla con grabaciones secretas viene desde el 2000 en EU, cuando operó como agente encubierto para el FBI, y sus registros de audios fueron utilizados en casos federales contra políticos del Condado de Los Ángeles.
La gobernadora morenista de Baja California apuntó ayer directamente a Bonilla, su predecesor en el gobierno, de tenderle una trampa al reunirla con “agentes intermediarios de EU” para dañarla políticamente, y en tiempo preelectoral.
Y le recordó a Bonilla que está marcado: su trampa no impedirá ser procesado por el caso de la planta fotovoltaica Next Energy, que desfalcó 12 mil millones de pesos al estado, cuando era gobernador, porque la obra carecía de permisos nunca avanzó.
Sin embargo, para el proceso que menciona la gobernadora, la dirección de Bonilla en su credencial de elector es una cervecería: allí le llegan las citaciones para comparecer por abuso de autoridad, coalición de servidores públicos, falsedad y peculado.
Pero no olvidemos que Bonilla resultó de los primeros que apoyó a López Obrador y, en específico, en sus tres campañas presidenciales: puso a su servicio su canal de TV abierta Pacific Spanish Network en California (donde hay 12 millones de mexicanos).
Además, lo apoyó con sus nueve cableras y cuatro radioemisoras en San Diego, Santa María, San Luis Obispo, Chico, Salinas, Monterey, Sacramento y recursos inmobiliarias, comerciales e industriales en California y Baja California Sur.
En pago, López Orador le dio la candidatura que lo hizo gobernador de Baja California. De hecho, Bonilla reveló que, a pedido de la presidenta Sheinbaum, se reunió con Ávila el pasado 25 de mayo de 2025, para “un reencuentro, limar asperezas y reubicarse”.
Según Bonilla, la plática fue a través de la Secretaría de Gobernación, con testigos como el diputado federal de Morena, Leonel Godoy, y el secretario general de gobierno estatal, Alfredo Álvarez y otros personajes: todos muy cercanos a López Obrador.
Durante el encuentro, Bonilla, quien es ciudadano de EU y ha sido funcionario con gobiernos del Partido Republicano, le propuso a Ávila reunirla con “agentes intermediarios de EU” para que revisara el proceso de la visa estadounidense, que le fue retirada.
Bonilla contactó luego a Ávila, vía WhatsApp, para que recibiera a los intermediarios el 15 de diciembre de 2025 en Tijuana. “Fue una trampa, y mis interlocutores solo buscaban grabar una conversación privada para difundirla posteriormente”, dice Ávila.
Sin embargo, Bonilla no es cualquier obradorista: es de los primeros obradoristas.
Hay tiro.
– Rubén Cortés