Cuando era pequeño, en mi clase, había tres chicos que dibujaban bien. Y yo no era uno de ellos.

Dibujo mal y no creo que pudiese llegar a hacerlo bien nunca. Y, por supuesto, no se me ocurriría jamás hacer una exposición con mis dibujos o sacar un libro de retratos.

Porque no tengo ningún talento para el dibujo. Y no pasa nada.

Hoy os vengo a hablar del talento y de por qué es tan importante el nuevo disco de Rosalía.

Aptitud, capacidad, habilidad, destreza, horas y noches sin dormir.

Talento.

Creo que se nos está olvidando lo que es.

Vivimos en un planeta en el que todo el mundo puede sacar un disco aunque cante terriblemente mal. Tranquilo: la máquina lo arregla. Un mundo en el que el talento ha dejado de importar.

En LUX, Rosalía nos recuerda que el talento es importante: las horas de estudio, las clases de canto, entrenar tus cuerdas vocales para que lleguen AHÍ. Intentarlo, caerse, levantarse.

Esforzarse.

Llegar a la excelencia.

Rosalía nos trae coros, violines, violas, arpas y orquestas. Maderas, cuerdas y metales detrás de los cuales hay personas que tienen talento que hacen cosas que otras personas no pueden hacer.

Rosalía y un equipo de personas talentosas.

Gracias al talento los seres humanos hemos conseguido cosas inimaginables y si terminamos con él os aseguro que esto, tal y como lo conocemos, se acaba.

Tenemos que pelear por el talento y defenderlo.

Hay algo espeluznante en el hecho de que un chaval que no sepa cantar —ni escriba buenas letras— llene estadios.

Ayer escuché LUX tres veces seguidas paseando por Madrid y desde que empieza, el disco escupe talento. Imaginé su directo ambicioso, menos atractivo para la masa y arriesgado, con una orquesta de música clásica en un estadio. E imaginé a gente muy joven viendo violines y flautas traveseras.

Y me puse muy feliz.

Escuché un disco que no se ha vendido a los quince segundos de TikTok y que es una obra solemne, holística e integral.

Un disco sin singles, pero sin fallos. Con letras preciosas y trabajadas.

Y entonces, paseando por la Plaza de Oriente y con la parte final de La yugular en mis oídos a todo trapo, me di cuenta de que lo mejor está por llegar.

                                                                                                                                 - Jaime Rodríguez

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