¿Tradwife o libertad de elección? Nuevas narrativas sobre el papel de la mujer en el siglo XXI

En los últimos meses, el movimiento tradwife (traditional wife o esposas tradicionales) ha ganado visibilidad en Estados Unidos y comienza a despertar interés en otras partes del mundo. A través de las redes sociales, mujeres jóvenes comparten con orgullo un estilo de vida dedicado al hogar, al matrimonio y a la crianza de los hijos.

Para muchas mujeres este movimiento representa un retroceso en la lucha por la igualdad de género, aunque para otras constituye una expresión de libertad para elegir el proyecto de vida que desean. Esta aparente contradicción plantea una pregunta de fondo: ¿cómo distinguir una elección auténticamente libre de una decisión moldeada por expectativas sociales?

Para Immanuel Kant la libertad no se trata de hacer todo lo que uno quiere, más bien, una persona es libre cuando actúa de acuerdo con principios que ha aceptado racionalmente como correctos, y no porque se deje llevar por impulsos, deseos o presiones externas. Sin embargo, las decisiones individuales nunca ocurren sin la influencia de la sociedad. Georg Simmel consideró que el individuo es un producto de la sociedad y al mismo tiempo un elemento activo dentro de ella. Desde que nace, una persona adquiere normas, costumbres e identidades debido a la interacción con otros individuos y con las instituciones sociales.

En el caso del movimiento tradwife considero que la discusión no debe centrarse en si es correcto o no para la lucha feminista que una mujer decida dedicarse al hogar, sino en las condiciones estructurales que rodean dicha decisión. ¿Hasta qué punto son autónomas? La filósofa Martha Nussbaum consideró que la libertad no consiste en tener la posibilidad de elegir, sino contar con las oportunidades reales para construir un proyecto de vida que cada persona considere idóneo. Una mujer que decide dedicarse al hogar o a desarrollar una carrera profesional puede ejercer su libertad, siempre que esa decisión sea tomada por elección y no por falta de oportunidades. 

Durante décadas, mujeres como Olympe de Gouges, Elvia Carrillo o Ruby Bridges lucharon por derechos fundamentales: estudiar, trabajar, votar y decidir sobre su propio proyecto de vida. Esa lucha nunca buscó imponer un modelo único de mujer, sino ampliar las posibilidades para que ninguna estuviera obligada a vivir bajo un destino previamente escrito.

El reto no es decidir cuál modelo de mujer debe prevalecer, sino construir una sociedad donde todas tengamos las mismas oportunidades para elegir y donde cambiar de rumbo no implique perder dignidad, autonomía o reconocimiento.

María Elena Orantes

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