Se fue el profesor. El que me enseñó a sentir intensamente.
Y por eso lo siento tanto.
Siento que Robe no se ha muerto, se ha marchado de la fiesta.
Siento que este mundo ya no le pertenecía. Y siento que él era demasiado grande para esto en lo que se está convirtiendo.
Siento un vacío real y palpable.
Siento que le quedaban aún un buen puñado de canciones por hacer, pero siento que las que ha hecho tienen un valor incalculable, mucho más que mil lingotes de oro y un tera de bitcoins.
Siento que nuestras vidas –un pedazo de ellas al menos– son como son gracias a alguna estrofa suya. Yo mismo he tomado decisiones importantes de mi vida cabalgando una frase que salió de su cabeza.
Siento pena por todos aquellos que todavía no han descubierto a Robe y se creyeron lo del “yonki mal hablado”. Robe es un poeta español a la altura de los más grandes autores del Siglo de Oro.
Quevedo, Góngora y Robe.
No he tenido algo tan claro en mucho tiempo.
Robe era nuestro profesor preferido; alguien más cercano aún. Recuerda: no tiene que salir en tu libro de familia para ser de tu familia.
Robe era lo único en lo que estábamos todos de acuerdo.
Esta fiesta a Robe ya le aburría. Y veréis como, sin él, la fiesta va a ser mucho más aburrida.
Pero ojo: el profesor nos da una última lección antes de irse: la muerte no avisa, llega de repente y a deshoras.
El tiempo pasa y es un cabrón IMPLACABLE.
Vivamos profundamente. Sintamos intensamente.
Es una obligación.
- Jaime Rodríguez