El viernes tuve una cita a ciegas. Lo organizó una amiga que llevaba meses detrás de mí —y de la otra interesada— para que ocurriese. Yo siempre le daba largas porque no hay nada que me guste menos que una cita a ciegas.
La cosa era bastante divertida porque, a la cena acudimos yo, un amigo, mi cita y otra chica. Yo no solo no sabía quién era “mi chica”, como suele ocurrir en una cita a ciegas; tampoco sabía cuál de las dos era ella por lo que se puede decir que fue la primera cita a doble ciegas de la historia.
Fue la típica noche de verano de Madrid que se puso bastante loca: comenzó en la terraza del hotel Nomade, en Gran Vía –que está espectacular, por cierto– y de ahí fuimos al Bar Cock y nos unimos a unos cuantos amigos más.
Todo ello, recordad, en una cita a doble ciegas.
Cuando el fuego de las noches de verano se había apoderado de nosotros, nos fuimos en un taxi al Amante.
Finalmente, terminamos tomando una última copa en el Jazz Club.
Llegue a casa cansado, sucio y con el corazón contento.
¿La cita? No fue nada mal.
Me alegro mucho de haberle dicho que sí a mi amiga. “Sí”, es una palabra que te lleva a muchos más lugares que “no”.
Estoy en un avión, cruzando el atlántico. He visto un par de pelis que me han gustado mucho: Project Hail Mary, con Ryan Gosling y Crime 101 con un Mark Ruffalo ENORME.
A mi lado, dos chavales de unos quince años han intentado ver algo durante todo el vuelo. Empezaban una peli, la dejaban, jugaban a algún juego en sus teléfonos, empezaban otra película…
Han sido diez horas de vuelo y no lo han conseguido. En un par de décadas no vamos a saber ni limpiarnos el culo.
Al verme escribir en un ordenador, una azafata me ha animado a comprar una hora de wifi y le he dicho que este pedazo de hierro es el último reducto de resistencia a internet que queda en el planeta, qué tuviese piedad.
Nos hemos reido y me ha invitado a un par de benjamines de vino.
Si estás leyendo esto, muchas gracias por sonreir.
Sonreir es una decisión y las personas que la toman consiguen que este mundo que gira sobre sí mismo lo haga bailando.
- Jaime Rodríguez