Colgado de un toro y perdido en Monterrey

Hace muchos años me colgué de los testículos de un toro de Osborne.

Fue en un viaje en coche que hice con una chica por España. No teníamos mucho rumbo y de vez en cuando parábamos para dar rienda suelta a nuestro amor en cualquier sitio que se moviese menos que nuestro coche.

En un momento dado, creo que por Málaga, vimos un toro de Osborne

— ¿Has tocado alguna vez uno?— le dije.
— No— contestó ella.

Cogimos un desvío, y tras corregir el rumbo varias veces y un último tramo a pie, estábamos debajo del toro.

Son de metal, enormes y mal pintados. Me pareció la vela de un barco y, desde que lo vi de cerca, no entiendo como no salen volando.

Lo toqué y, aunque me sentí realizado, no estaba completo.

— Me voy a colgar de él.
— Si alguien nos ve desde la carretera se nos va a caer el pelo.

Comencé a escalar y en menos de un minuto, me estaba balanceando como un péndulo colgado de los huevos de uno de los carteles de publicidad más icónicos que existen en el mundo.

Creo que siempre le busco una ultima vuelta de tuerca a todo lo que hago; intento tensar la cuerda un punto más.

Nunca voy a dejar de hacerlo. Es más: no creo que pueda.

Las personas no cambiamos. Si eres un capullo y tienes la edad para estar leyendo esto, probablemente mueras siendo un capullo; puede que en nuestros primeros años de vida se pueda corregir nuestro rumbo pero a partir de los doce, **somos una bola de bolos cayendo desde un rascacielos**.

––

Llevo más de treinta horas viajando y todavía no he llegado a mi destino. Una tormenta eléctrica en Monterrey mandó la planificación de todo mi viaje a tomar por culo. En unas horas he cogido tres aviones, un autobús, he dormido en el suelo de un aeropuerto y me he alimentado base de cacahuetes y cafés de starbucks.

Ayer acabé en una estación de autobuses solo, a las tres y media de la mañana, con una bolsa que me delataba como turista de forma inequívoca.

Cuando salí a la calle a buscar algo de comer, me sentí realmente inseguro y, aún midiendo casi un metro noventa, decidí meterme en el primer hotel que estaba abierto y dormir algo.

Hay que ser valiente y arriesgar, pero aún quedan muchas cosas por ser vividas.

Muchas cosas por ser contadas.

                                                                                                                                 - Jaime Rodríguez

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