El síndrome Burnout: una epidemia silenciosa

Últimamente mi consulta ha girado en torno a una epidemia que no es nueva, pero que afecta a millones de personas en el mundo de forma crónica y a ninguna institución ni política pública parece importarle lo suficiente: el burnout.

La Organización Mundial de la Salud lo define como un síndrome derivado del estrés crónico laboral que no ha sido manejado exitosamente. Se caracteriza por agotamiento físico y emocional, distanciamiento mental o cinismo hacia el trabajo y una disminución en la sensación de eficacia personal. Aunque suele confundirse con ansiedad o depresión, no está clasificado como un trastorno mental, sino como un fenómeno ocupacional.

Además, el burnout no siempre se manifiesta igual. Algunas personas viven atrapadas en productividad constante; otras se sienten completamente rebasadas; y otras terminan desconectándose emocionalmente, funcionando en automático.

Sus síntomas pueden incluir cansancio persistente, dificultad para descansar incluso durmiendo lo suficiente, irritabilidad, problemas de concentración, desmotivación, insomnio, dolores físicos y una sensación constante de estar abrumado. Muchas personas describen sentirse “apagadas” o atrapadas en piloto automático.

Otro aspecto importante es que el burnout también suele relacionarse con una disminución en la capacidad de agencia: la sensación de que ya no se tiene control sobre el tiempo, la energía o las propias decisiones. La vida comienza a sentirse como una cadena interminable de pendientes y exigencias externas.

En México, distintos reportes han colocado al país entre los que presentan mayores niveles de estrés laboral. Además, el Instituto Mexicano del Seguro Social ha señalado que alrededor del 75% de los trabajadores mexicanos experimenta estrés relacionado con el trabajo.

Y quizá una de las razones por las que el burnout pasa desapercibido es porque muchas de sus señales se han normalizado: responder mensajes a cualquier hora, trabajar enfermos, vivir cansados o sentir culpa al descansar. En un contexto económico como el mexicano, donde detenerse muchas veces implica perder estabilidad o ingresos, el agotamiento termina percibiéndose más como una obligación que como un problema de salud.

Llama la atención que, a pesar de lo común que se ha vuelto este problema, no es tan sencillo encontrar libros o investigación accesible sobre burnout en español. Quizá eso tampoco sorprenda tanto en culturas donde descansar suele confundirse con flojera y el agotamiento se considera una consecuencia “normal” de ser responsable o trabajador.

Actualmente no existe un medicamento específico para tratar el burnout. Sin embargo, las investigaciones sí coinciden en varias estrategias que pueden ayudar a disminuir el impacto del estrés crónico y recuperar sensación de bienestar y control sobre la propia vida:

● aprende a poner límites laborales y personales
● reduce la sobreexigencia y la hiperconectividad constante
● recupera espacios de descanso real
● realiza ejercicio físico moderado de forma consistente
● fortalece redes de apoyo emocional no utilitarias
● reconectar con actividades que no estén relacionadas con producir o rendir
● incorporar masajes relajantes periódicos
● y ven a consulta con profesionales de la salud mental para trabajar perfeccionismo, culpa, autoexigencia o la idea de que tu valor personal depende únicamente de producir.

Para quienes quieran profundizar en el tema, recomiendo especialmente La cura del burnout de Emily Ballesteros, un libro que explora cómo el estrés crónico impacta el cuerpo, las emociones y nuestra relación con el rendimiento.

Y tú, ¿quién eres cuando no estás entregando resultados?
¿Cuándo fue la última vez que descansaste sin sentir culpa?

Te leo en mis redes sociales: @elconsultoriodecaro

Caro Hernández

Compartir:

Artículos relacionados