Es jueves.

Se pasa la vida. Se acaba ya.

No queda nada, te juro que no queda nada.

Mañana todo habrá terminado y otras personas vivirán en nuestras casas, beberán en nuestros bares y reirán a carcajadas mientras nosotros ya no estemos aquí.

Es hoy, hazme caso. Mañana, ya, no es.

Mañana llegará el bulto, el accidente, la caída.

Mañana estarás en una cama que no es tuya lleno de dolor pensando en por qué no cogiste ese vuelo que lo hubiese cambiado todo.

Mañana tus hijos serán mayores y echarás de menos que tengan todas sus putas figuras de LEGO tiradas por el suelo porque no hay navidades mejores que las de las casas ruidosas y desordenadas.

Mañana se habrá ido con otro y te martirizarás por no haberlo siquiera intentado. Porque igual era ella. Porque igual era él.

Mañana tu madre será un puñadito de cenizas, así que dile hoy que la quieres porque, hasta donde yo sé, las cenizas son sordas.

Y las madres, no.

Coge ese tren. Dile que sí y díselo hoy. Dile que por lo menos lo vas a intentar.

Dale un abrazo. Es tu mejor amigo y lo tienes a veinte centímetros. Es el que hace que te rías a pleno pulmón y solo por eso puede que sea la persona más importante de tu vida. Dale un abrazo con todas tus fuerzas hasta que no pueda respirar y te diga que pares.

Y entonces os volveréis a reír como cuando os reíais en misa.

Compra el billete, aprende el idioma, cambia de carrera, apúntate a clases, empieza el proyecto y cómprate el pincel.

Es hoy. ¿No lo ves?

Solo puede ser hoy.

 

                                                                                                                                 - Jaime Rodríguez

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