El martes caía un edificio en Madrid y morían cuatro personas. Tres de ellas no eran ni de Madrid, ni de España, ni de Europa.
No tengo ni la más remota idea de cómo llegarían hasta aquí pero según he podido mirar, sus papeles estaban en regla. Y me apuesto un dedo —y no lo pierdo— si afirmo que no les sería muy fácil llegar hasta donde llegaron.
Tres de las cuatro personas que fallecieron en el derrumbe de Madrid no nacieron aquí pero construían esta ciudad con sus manos.
Levantaban una casa en la que —por el barrio en el que se situaba— seguramente no iban a poder vivir jamás.
Sus nombres eran Dambéle, Alfa y Jorge y eran originarios de Mali, Guinea y Ecuador.
Trabajaban con contrato y un salario de unos 1.100 euros mensuales haciendo algo que quizás, los que hemos nacido en esta ciudad, ya ni siquiera contemplamos hacer.
Poner ladrillos. Picar paredes. Mezclar cemento.
Y al igual que decimos otras muchas cosas, esta, también hay que decirla.
- Jaime Rodríguez