Últimamente paso muchas horas en la Biblioteca Nacional. Trabajo en mi nueva novela y he elegido este sitio tan mágico para escribirla; puede sonar peliculero, pero a mí me funciona.
La BNE tiene más seguridad que el Pentágono; para entrar te enfrentarás a un control de metales, tendrás que dejar todas tus pertenencias en la taquilla y te darán una bolsa transparente para llevar tu ordenador. Olvídate de beber –ni siquiera agua– o comer NADA dentro y prepárate a que te pidan tu acreditación siempre que te vean parado en algún sitio.
Esto, cada día.
Y es que, dentro de este edificio y su colección de más de 35 millones de libros, hay ejemplares que tienen cerca de dos mil años; hay mucho más valor aquí que en cualquier banco de la ciudad y toda seguridad es poca.
Cuando finalmente consigues acceder a la sala principal de lectura, entenderás por qué tanta norma y ritual. El lugar, definitivamente, tiene algo.
El otro día, un señor mayor sacó un libro de los “gordos”; no sé si era un incunable, pero se veía MUY antiguo. El hombre lo puso encima de uno de los grandes cojines que hay en las mesas del centro y, con unos guantes y unas pinzas, comenzó a leerlo. Varios de los que estábamos ahí nos levantamos a verlo. Cuando terminó, devolvió el libro y se puso a escribir en su ordenador.
Antes de hacerme socio y empezar a ir, pensé que la BNE iba a estar llena de estudiantes o gente joven, pero la realidad es otra muy distinta: la media de edad de las personas que están en la sala supera con creces los sesenta años. Son hombres y mujeres jubilados enfrascados en proyectos relacionados con la literatura, la arquitectura o el arte. A veces tienen cuatro o cinco libros encima de la mesa y, cuando los veo, me emociono.
Son personas con un plan. Quizás están investigando sobre Lope de Vega o escribiendo el libro que te va a enganchar este verano. Se lo toman en serio y les da igual ese número que pone en su DNI.
Creen que nunca es tarde y que, mientras haya una razón para levantarte por las mañanas, hay partido.
Tienen algo en la cabeza y lo están sacando adelante.
Y saben que una persona con un plan es invencible.
- Jaime Rodríguez