Veinte segundos de valentía y un agosto en Madrid

Hace unos meses me llamaron para ir a adoptar un perro al programa de Chenoa, que se está estrenando estos días. En principio dije que sí; mis sobrinos me iban a acompañar y estaba bastante emocionado. La cosa consistía en ir al plató, ser entrevistado y finalmente conocer al nuevo miembro de mi familia.

Yo podía poner algunas exigencias encima de la mesa, pero me tenía que conformar con lo que me tocase y estaba de acuerdo con ello.

Según se acercaba la fecha, el miedo se iba apoderando de mí: ¿estaba sustituyendo a mi antigua perrita por otra? ¿Sería capaz de cuidar de un perro con el estilo de vida y horarios que manejo?

De pronto, mis sobrinos se bajaron del carro: tenían exámenes y no podrían asistir al rodaje.

Yo, comportándome como un cobarde, hablé con el equipo de producción y les dije que finalmente no iría.

Tenía que haberlo hecho; tenía que haber ido al maldito programa.

A veces —solo a veces— hay que hacer las cosas sin pensar mucho. Son los veinte segundos de valentía desmedida de los que habla Mat Damon en “We bought a zoo”.

Por cierto, si no has visto esta película, deberías hacerlo ya.


Hablando de realities, hace un par de semanas me llamaron para ir a otro que se llama “Casados a primera vista” donde varios solteros aceptan casarse con una persona totalmente desconocida, a la que ven por primera vez en el altar.

¿Te imaginas?

Decliné, claro.

Hay que saber cual es el lugar de cada uno: qué cosas sí y qué cosas no.


 Ayer di un paseo por la Gran Vía y de pronto lo noté: el verano en la ciudad ya está aquí. Todavía no es agosto pero ya se puede oler. Madrid en verano es uno de los lugares más especiales de todo el planeta.

Una ciudad totalmente eléctrica y abarrotada que, una vez al año, se vacía: todo es igual pero a la vez distinto.

Todos los agostos que he pasado aquí, sin excepción, han sido life changers.

Recuerda: tiene que ser un mes de agosto entero en la ciudad, merodeándola y trabajando sus bares y garitos. Tiene que contener trazas de Wurlitzer y Amante, comiendo poco y paseando mucho.

Diciendo que sí a (casi) todo lo que la ciudad te ofrezca.

Y vas a ver como sales siendo una persona distinta.

                                                                                                                                 - Jaime Rodríguez

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