2 de julio no se olvida

El testimonio directo es irrebatible. Luis Carlos Ugalde nunca previó el peor escenario. Las votaciones para elegir al presidente de la República, el 2 de julio del 2006, transcurrieron sin incidentes graves. El presidente consejero del Instituto Federal Electoral tuvo tiempo de comer una hamburguesa en su oficina, antes de prepararse para el cantar el resultado, ese domingo infausto.

En la víspera, había recibido información de la cena de un grupo compacto de encuestadores en la casa de Ulises Beltrán. Con los resultados del simulacro de las exit polls, seguros de la pertinencia de sus operadores de campo, los demóscopos cruzaron apuestas. El triunfo de Andrés Manuel López Obrador parecía inevitable; el disenso era sobre qué tan holgado sería.

Unos minutos antes de recibir la información del comité técnico asesor que recabado los datos del conteos rápidos y estimó los intervalos de los votos recibidos por los aspirantes a suceder a Vicente Fox, el consejero presidente expiaba el peso de lo que describió como el día más importante de sus 40 años de vida. ¿Nervioso? “Ni cuando le pedí a alguien por primera vez que fuera mi novia”, confesó a las 21:30 horas.

El anuncio histórico no ocurrió. Ni la autoridad electoral ni las televisoras pudieron cantar al ganador de los comicios esa noche. Los consejos distritales sesionarían hasta el miércoles y hasta que terminara ese cómputo, el INE podría decretar al triunfador. Desde 1993, cuando por primera vez Warren Mistofsky estuvo en México, las televisoras habían cantado los resultados con encuestas a boca de urna, aunque hubo casos donde era too early para dar un resultado definitivo.

El 2 de julio del 2006 fue distinto, en muchos sentidos. Primero, las encuestas de salida y después, con los conteos rápidos, los medios de comunicación debieron tomar una decisión distinta a la de los consejeros electorales.

Aquella época, en el centro de noticias de Televisa, en avenida Chapultepec, y en el bunker de TV Azteca, en el Ajusco, hubo información en tiempo real sobre la contienda y la expectativa era que al cierre de las votaciones pudiera hacerse una proyección sobre el candidato ganador.

Un escenario de too early corresponde a que no se han generado datos suficientes para determinar de manera definitiva el margen, o bien que los resultados a favor de un candidato aún arrojaban un margen significativo a favor de un candidato.

La noche del 2 de julio del 2006, los dueños de ambas televisoras supieron muy temprano que la contienda entre López Obrador y Felipe Calderón Hinojosa era demasiado reñida y que no podrían anunciar un resultado definitivo por la noche. El margen final —apuntaban las exit polls— sería inferior al 5%. Televisa tuvo la confianza estadística de que era un too close to call y actuó en consecuencia.

La historia electoral de 1988 se resumió en la caída del sistema. La reforma electoral de 1996 y el sistema de comunicación generado entonces condicionaron –con las encuestas de salida, el conteo rápido y el PREP—un esquema de anuncios para decretar un knock out, mientras se cumplían con los plazos legales.

Determinar estadísticamente los triunfos de los candidatos es una cosa. Decidir editorialmente cuándo anunciar al ganador de una contienda política siempre ha sido un arma de doble filo.

Las televisoras no reconocieron lo que los simulacros de las exit polls y antes, mostraron las encuestas. AMLO reclamó el recuento de votos, retó a la mafia del poder y amagó con un movimiento de resistencia. El riesgo de una crisis constitucional quedaría conjurado, aunque el costo político y social fue alto.

La narrativa oficialista quiso construir un mito instantáneo: que el político tabasqueño, esa noche infausta, habría reconocido la derrota ante un grupo pequeño de leales. “No hubo fraude”, clamaron los calderonistas. Su pacto con el elbismo y con un bloque de gobernadores priistas saldría a la luz.

Si AMLO perdió esas elecciones por la grosera intromisión del entonces presidente Vicente Fox o por culpa de una estrategia fallida, es una historia que todavía espera ser contada.

Alberto Aguirre | Signos Vitales | El Economista
2 de julio no se olvida
2 de julio de 2026.
https://www.eleconomista.com.mx/opinion/2-julio-olvida-20260701-821334.html

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