La hostia de mi vida

El otro día hablaba con mi socio de que cada vez se abren menos restaurantes espectaculares en Madrid y más sitios pequeños y especiales. Puede que sea una sensación personal pero creo que vuelve la magia de cerca: menos show en la sala y más espectáculo en el plato.

Y esto me pone muy contento.

La semana pasada me pegué un piñazo en bici DESCOMUNAL. En serio: casi me mato.

No fue una caída sin más; trozos de diente en el suelo, ambulancia y una noche ingresado.

Big time.

En el hospital me sentí como Gulliver, rodeado de R1s cosiendo temblorosos y haciendo pruebas con mi cuerpo.

Está bien. Hay que aprender y no se puede hacer de otra manera.

Estoy intentando encontrar alguna cámara de seguridad que grabase la caída porque las imágenes tienen que ser INCREÍBLES. Puedo decir sin miedo a equivocarme que es la hostia de mi vida.

De vez en cuando hay que pegarse un buen tortazo para darnos cuenta de que:

a. Estamos vivos, joder.
b. La vida es más peligrosa de lo que parece.

Morir no es nada romántico.

Y es un mito: nadie nunca ha dejado un bonito cadáver. Tuvieron que sacar el cuerpo de James Dean de un coche convertido en un amasijo de hierros. Ni siquiera él, al que se le atribuye la famosa frase, estaría guapo en el ataúd. Imaginaos cómo tendría la cara.

Así que con cuidado, Jaime. Tensa la cuerda, pero que no se rompa.

Muérete, Cupido vuela alto. Ya va por su segunda edición y nada me puede poner más contento que eso. Gracias por leerme y por los mensajes que recibo a diario.

Lo primero que hice al salir del hospital, después de 48 horas sin comer nada sólido, pero aún con la boca dolorida, fue hacerme un sándwich de jamón de York y mayonesa Heinz.

Hacía ciento cincuenta años que no disfrutaba tanto de algo.

Tenemos que saborear más la vida, carajo.

Tras un agosto movidito (Tú aquí sobras) y un inicio de septiembre en barbecho para tomar fuerzas, la pulsión de escribir ha vuelto con fuerza. Creo que tengo algo en mente poderoso, diferente y —sobre todo— que me apetece mucho escribir.

Ya veréis.

                                                                                                                                 - Jaime Rodríguez

Compartir:

Artículos relacionados