Un escritor y una fotógrafa llegan a Edimburgo

Hace unos meses Inma y yo hicimos, a Edimburgo, nuestro último viaje como pareja.

Cuando le propusimos a David Moralejo —director de Condé Nast Traveller— contarlo en un reportaje, enseguida nos dijo que adelante.

“Un escritor y una fotógrafa llegan al aeropuerto de Edimburgo”.

Todos recordamos haber visto un ejemplar de Condé Nast Traveller en algún sitio.

Yo recuerdo perfectamente dónde hojeé los primeros; corrían los primeros 2000 y yo iba a un dentista en la calle Arturo Soria que tenía las mejores revistas del mundo. Era una época en la que los móviles y las pantallas aún no lo invadían todo y la calidad de tu tiempo dependía mucho del tipo de revistas que había en las salas de espera.

Creo que, entre esas páginas, continué haciendo sólida la idea de que viajar es soñar y darse cuenta, de primera mano, de que hay otros mundos distintos. De que hay realidades que son las nuestras, que están ahí y que son posibles.

Y, a veces, mejores.

Escribir para la mejor revista de viajes del mundo es un sueño hecho realidad.

Gracias, David, por dejarme cumplirlo.

Y gracias, Inma, por haber sido mi compañera de viaje.

Y no solo me refiero a Edimburgo.

“En ese vuelo viajaba el escritor que se quedó sin tinta y la fotógrafa que gastó todos sus carretes en la ciudad de las chimeneas humeantes”.

                                                                                                                                 - Jaime Rodríguez

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