Foto: Gobierno del Estado de Puebla
Después de siete décadas de marginación, el Puente de la Transformación quedó abierto a la circulación vehicular y peatonal, beneficiando de manera directa a más de 1.7 millones de habitantes de siete municipios. La obra, impulsada por el gobierno de Alejandro Armenta Mier, reduce los tiempos de traslado de hasta 50 minutos a solo un minuto con 30 segundos en automóvil y cuatro minutos a pie. “Así de marginadas estaban las comunidades, los gobernantes no las veían. El gobierno de Alejandro Armenta Mier no busca reconocimiento, busca justicia”, expresó el coordinador de Gabinete, José Luis García Parra.
El puente, construido en siete meses, conecta a San Baltazar Tetela con Los Ángeles Tetela y se convierte en una nueva puerta hacia la Mixteca poblana. Con una longitud de 480 metros y un ancho de nueve metros, fortalece la conectividad de Huehuetlán el Grande, Puebla, Tzicatlacoyan, San Juan Atzompa, Xochiltepec, Teopantlán y San Martín Totoltepec. La obra fue posible gracias a la coinversión entre el Gobierno del Estado y el Ayuntamiento de Puebla, con una inversión total de 353.7 millones de pesos, donde el Estado aportó el 59 por ciento y el municipio el 41 por ciento.
El proyecto incluyó 28 trabes, cimentaciones de entre 29 y 60 metros de profundidad, dos muelles, ocho cabezales, losa de concreto, alumbrado público, señalamiento vial y rampas de acceso, todo bajo lineamientos de la CONAGUA, que reforzó la seguridad de la obra. Con tecnología de vanguardia y trabajos subacuáticos, Puebla se posiciona como referente nacional en procesos constructivos de alta complejidad.
Además de mejorar la movilidad, el puente facilita el acceso a servicios de salud, fortalece la comercialización de productos del campo, impulsa la Ruta del Mezcal como atractivo turístico y conecta a la Mixteca como nunca antes. “Se crean puentes de bienestar. Se abre la puerta a los servicios de salud y al desarrollo económico de las comunidades. ¡Nunca más obras faraónicas, hoy la gente manda! ¡Con el pueblo todo, sin el pueblo nada!”, concluyó García Parra.