López Obrador tiró la Corte autónoma, porque los ministros tenían 50 asesores. Hizo ministra a Lenia Batres por vivir rentada en una vecindad: eso le daba autoridad moral. Pero ella tiene 94 asesores y vota en contra de que el IMSS dé prótesis a derechohabientes.
Y resultó que a la autollamada “Ministra del Pueblo” (porque vivía rentada en una vecindad) ya no le gustó vivir como el pueblo: acaba de contratar 14 ayudantes más y se transporta en camionetas 4×4 y SUVs de lujo, cuyos precios rebasan los dos millones.
El juego de espejos de la ministra es notorio: votó contra la entrega de anteojos, lentes de contacto, aparatos auditivos, implantes cocleares, así como prótesis y órtesis externas para los derechohabientes del IMSS.
¿Por qué voto en contra la declaratoria general de inconstitucionalidad del artículo 42 del Reglamento de Prestaciones Médicas del IMSS? Porque dice que el gobierno carece de dinero y materiales para garantizar la entrega de estos aditamentos a derechohabientes.
Ajá, afirma en la Corte que el Estado no tiene lana, pero usó 40 mil pesos del dinero del Estado para pagarse un “retrato vivo”. Recordemos que el Estado no produce nada, y sus recursos salen del cobro de cinco billones a quienes pagan impuestos.
Y, el martes, Lenia Batres enunció en la Corte que considera justo y necesario que, quienes reciben herencias y legados de familiares, paguen impuestos por recibirlas, porque dice que, recibir dinero sin esfuerzo personal, reproduce la desigualdad social.
Sí: exige gravar las herencias porque “quien las recibe no las trabajó”, quien es ministra apenas balbuceando de memoria alguna ley, y se traslada en Chevrolet Suburban High Country y en Jeep Grand Cherokee, pagados con el dinero de quienes pagan impuestos.
En el marco legal vigente (Ley del ISR), los bienes obtenidos por herencia o legado están exentos del pago de Impuesto Sobre la Renta (ISR). Así que ayer Sheinbaum le enmendó la plana a Lenia Batres: “No estoy de acuerdo con la propuesta de la ministra”.
El tema de Lenia Batres es su neurótica incongruencia. Por ejemplo, en la Corte, pide grandes cantidades de comida para llevarse a casa, y ahorrarse la lana del mandado, con cargo a quienes pagan los 5 billones de pesos que recauda el gobierno en impuestos.
Y, por otro lado, en público se muestra en contra de que cada ministro reciba 65 mil pesos adicionales al mes para alimentos; mientras por detrás, es la principal usuaria del comedor de la Corte, para no cocinar en casa, o pagarle a alguien que le cocine.
Ah, como murmuraba mi padre, cuando ordeñaba las vacas, bajo el sol de Cuba:
“Así soy comunista yo también”.
– Rubén Cortés