Volver al cine, escapar de la farsa

En los noventa iba mucho y siempre guardaba algo de dinero para acudir, por lo menos, una vez a la semana. Recuerdo títulos que me ayudaron a conformar la persona que soy ahora: “Pulp fiction”, “Trainspotting”, “Memento”, “Dogville” o “Amelie”.

Todas ellas las vi en una sala oscura, me ayudaron a entender una forma de ver la vida distinta al resto y me hicieron sentir especial por ello.

De hecho, creo que lo era.

Cuando Netflix llegó a nuestras vidas en 2015, yo también me lo creí:

«Ahora somos libres. Por fin podemos ver lo que queramos, cuando queramos y donde queramos».

Y entonces, por lo menos yo, dejé de ir al cine. Al principio bajé la media a una vez al mes. Últimamente estaba yendo una vez cada tres meses.

«Pero no pasa nada, porque veo un montón de películas en casa».

Falso: en casa no veía una película; atendía a dos –o tres– pantallas a la vez, me levantaba a hacerme un sandwich y whatsappeaba con siete personas al mismo tiempo.

Muchas de las películas que empezaba las dejaba a medias y cualquier momento valle del guión era la excusa perfecta para volver al teléfono que además, cada vez estaba más lleno de mentiras.

«Es un poco aburrida, ya veré otra mañana. ¿Qué más da? ¡Son infinitas!».

Cientos de autoengaños para no enfrentarme a una realidad que no quería ver: «Estás dejando de disfrutar de una cosa que antes te hacía muy feliz. Y ahora vives en una farsa».

Porque antes, la única ficción que conocíamos estaba en las salas de cine, en los teatros y en los auditorios y ahora creo que hay mucha más verdad en esas habitaciones oscuras donde apagamos nuestros teléfonos y prestamos atención a una sola cosa a la vez.

Saber por fin que lo que estamos viendo es ficción, lo llena –anecdóticamente– de una veracidad aplastante.

Es el mundo al revés.

Tener que entrar en un teatro para ver como la verdad sale de los labios temblorosos de un joven actor.

Escuchar la certeza de un cello en el Auditorio Nacional y pensar solo en eso: el cello.

Y creerse a pie juntillas el papel de De Niro en una reposición de “El padrino” en los Princesa porque quizás, es la única verdad que existe.

                                                                                                                                 - Jaime Rodríguez

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